Made in Japan

Blog, Callejeando, la calle es nuestra

Corrían los 70’S, los Purple arrasaban y les tocaba gira por Japón. Allí les propusieron grabar un directo. Ellos no estaban muy convencidos de como iban a funcionar en un país, por entonces, tan exótico. Un poco a regañadientes grabaron los directos de los conciertos y se volvieron a casa con un cierto regusto raro. No pensaban que aquello fuese a funcionar, no porque los conciertos (con un público entregadísimo) no estuviesen a la altura. Más bien era la sensación de que aquello no saldría bien. Salir de gira y grabar directos no les cuadro. De regreso en los Estates cuando escucharon el disco no lo podían creer, era genial y de hecho es uno de los mejores discos en directo de la historia.

¿Y qué tiene que ver esto con la fotografía? os preguntaréis. Resume a la perfección mis sensaciones allí y aquí: Veamos.
Cuando viajamos siempre intentamos captar esa parte de lo nuevo que nos atrae. Llegas al país en cuestión y los ojos van detrás de la novedad. En el primer día ya has disparado varios cientos de fotos. Mi viaje a Tokio (solo estuve en esa prefectura) comenzó de una forma totalmente distinta. Con fiebre, nauseas y delirios. Tres días sin salir de una habitación y sin saber porque temblaba mi cama (terremotos). Con semejante arranque, los posteriores días de recuperación y bajón anímico creo que dispare unas pocas fotos. En esos días pude reflexionar sobre lo que quería capturar de Tokio, cuál era su esencia. Cómo son sus habitantes, ¿qué hay más allá (si me permitís la comparación) de ese ejército clon que en occidente pensamos que son los japoneses?

Por un lado, es una ciudad enorme en altura y extensión. Va desde cumbres nevadas al mar pasando por rascacielos, pequeñas casas y enormes pasos de vías elevados. En mitad de todo están los tokiotas intentando vivir sus contradicciones; su increíble amabilidad, cariño y personalidad en contraposición al bulto, a las colas infinitas y al anonimato del grupo. La espiritualidad y el capitalismo salvaje. El ser millones y sentirse solo. Guardar las emociones para sí mismos y ser apasionados en cada cosa que hacen.

 

Con todas estas premisas en la cabeza hice más bien lo que pude y volví, no lo voy a ocultar, algo decepcionado. El viaje soñado había sido un fiasco fotográfico. Una mísera sd de 16gb atesoraba todo el viaje de quince días. Editando y seleccionando me sorprendí a mí mismo, sí que reconocía estas ideas en las fotos. Me sentí como el mismísimo Richie Blackmore: Made in Japan me había encantado. Pude reconocer esa relación entre sujetos y espacios, sus contradicciones y en definitiva esa pose que hace a los japoneses únicos.

 

Ahora que he hecho mi primer disco en directo, sin preparar, ensayar, o guía previa. Me siento con la fuerza para viajar a otros sitios y fotografiar con menos presión. Con un equipo mínimo y de forma más pausada. No me importará perder todas las fotos importantes del viaje si vuelvo con las 30 fotos que hacen Made in Japan.

 

Raúl Barroso para La calle es Nuestra, 2018.

Puedes ver la 30 fotos de Made in Japan AQUÍ