Hierro 3

Blog, Fotógrafos, Reflexiones

No se cómo estás de puesto en el cine del coreano pero merece la pena conocerlo. Kim Ki-duk es sin duda uno de los buenos, aunque no todas sus películas son digeribles. Hierro 3 es especial. Es una de esas historias que mezclan la ensoñación y la realidad despiadada. Lo crudo y lo onírico.

El prota va de casa en casa, entrando a hurtadillas, haciendo la colada, arreglándote el despertador… se comporta como si fuese un fantasma bueno que entra en tu vida. Husmea un poco y con cariño te cuida. Si yo fuese el joven Tae-Suk me tomaría la licencia de descolgar los cuadros feos de Ikea de las paredes o incluso esos de todo a cien que hacen juego con las cortinas (eso existe y lo he visto) y usaría ese espacio baldío en las casas ajenas. Cómo desaprovechar una pared pudiendo llenarla de emoción. Colgaría unas fotos que les regalasen la mirada a su vuelta a casa al igual que el olor a colada recién tendida que dejaba Tae-Suk les regalaba el olfato. Te imaginas que llegas de tus vaciones y tienes en el pasillo una serie a color de Cristobal Hara.

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Seguramente en ninguna de las casas que “asaltase” me encontraría ninguna foto que no fuese de un nieto o un hijo. Imágenes pequeñas enmarcadas en mesitas. Ese es nuestro patrimonio fotográfico ya que solo los fotógrafos tenemos fotos en casa. Nos comunicamos con imágenes continuamente pero no le damos el valor artístico e inspirador que tienen. Si lo comparamos con la escritura, escribimos en servilletas que continuamente desechamos, no hay un solo libro en nuestras casas.

Hace unos días encargué por correo a una editorial de valientes un par de libros que tardaron quizás un poco de más. A modo de disculpa incluyeron en el paquete unas fotos tamaño postal de José Manuel Navia, y no es que los libros no me hayan gustado, pero sentí que esas fotos estaban ahí para quedarse frente a los veinte minutos de ojear el fotolibro. Ese ángel movido y de purpurina de Navia se quedará al lado de los chicos de una playa de Florida de Alex Webb y las flores movidas de Juanan Requena. Espero poder llegar al final del pasillo de clavo en clavo.

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Si queremos que haya personas entregadas al acto fotográfico debe haber una forma de que sus fotos lleguen a tus manos y además retribuidas. Sin valor la fotografía queda desvalida y el fotógrafo pobre. Espero el momento en el que vender una foto no sea algo tan raro y más aún el día en que los buenos (los de verdad) sean capaces de vivir de lo que fotografían.

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