“The Neon Demon”

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En el cine siempre encuentro algo que rascar para la fotografía, al fin y al cabo, son parientes cercanos y comparten: estética, luz, color, abstracción y cómo no, emoción.

Esta película del director Nicolas Winding Refn  (anteriormente me ha regalado algunos de los mejores momentazos visuales en “Drive“) es sin duda una historia de crueldad y frivolidad. Con una estética muy particular y algunos diálogos demoledores. El modisto principal afirma que solo en lo natural esta la belleza, lo artificial siempre tiene algo torcido que hace que “no este mal” pero que no le permite ser profundamente bello. Y qué buscamos precisamente en la fotografía: la emoción que nos produce la belleza de lo normal.
Eso es la foto de calle, lo corriente, lo no artificioso, fragmentos de normalidad natural que extraemos en un único instante. El color, el momento, la pose, la expresividad, la textura, la atmosfera: son imposibles de reproducir, siempre se vería el cartón, la trampa. Nada tiene más imaginación que la propia realidad.

Eso es calle.

 

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*The Neon Demon

Lo estético en lo ordinario

Blog, Fotografía de calle, Inspiración

 
Una playa, una montaña nevada, un atardecer o tu gato. Cualquiera de estas cosas te ha llenado en algún momento los ojos. Y lo ha hecho de tal forma que has deseado coger tu cámara de fotos y guardarlo para siempre. Es una de las finalidades de la fotografía, al fin y al cabo.
Cualquiera es capaz de reconocer una determinada belleza e intentar capturarla. Conseguir llevar al espectador a ese momento y plasmar aquello en un papel o pantalla de dos dimensiones es, no lo neguemos, difícil. Ahí está la técnica del fotógrafo y su ojo. He escrito cualquiera. Sí, cualquiera reconoce lo bello.
¿Qué ocurre en la foto más conceptual? ¿Y en la foto de calle? El autentico ojo entrenado consigue que algo que a ojos novatos es vulgar o cotidiano aparezca en la fotografía como estético y ciertamente bello. Este es el famoso ejemplo del paisaje y la lámpara de Stephen Shore.
En la foto de calle es aún más impresionante, y es para mi donde radica su misterio y atractivo. De una foto aparentemente impulsiva o sin premeditación o preparación alguna aparece algo más bello que la propia realidad retratada. Por una parte, porque lo efímero de este tipo de fotografía no te permite compararla con la realidad (que se ha esfumado) y por otra parte porque la fracción de tiempo que se captura cambia la realidad que nuestro ojo percibe y la transforma en algo mágico.
En la calle se trabaja con lo estético de lo ordinario. Con la belleza del día a día. Imagina; no hace falta viajar a otro continente ni estar en un glacial, lo ordinario esta esperando a la vuelta de la esquina para convertirse en estético y bello. Solo haces falta tú y la cámara.